Las reflexiones de Jon Azua

Hoy en Deia Jon Azua publica un interesante artículo sobre los nuevos estílos de gobernanza. Dice así.
La profunda crisis de 2009 ha ofrecido varios síntomas -casi todos negativos, si bien surgen y desaparecen brotes verdes según ópticas individuales-, que han puesto de manifiesto una serie de elementos críticos que cuestionan un status quo dado hasta ahora por natural e inamovible:
Una globalización creciente e imparable, positiva para todos, de la mano del libre mercado que, además de generar una eficiente gestión de los recursos, situaba al consumidor en el centro vector de la economía y se proyectaba como un modelo capaz de autorregularse. 2009 ha sido, por el contrario, el primer año desde 1945 en el que la economía mundial no ha crecido (se estima un decrecimiento en torno al 1,5% del PIB), en el que su desarrollo y beneficios son desiguales y que alumbrará nuevos jugadores emergentes con esperanza de futuro (los BRIC pasarán a ser solamente BIC: Brasil, India y China), los G-7 o G-20 se reducen a G-2 (USA y China) y los gobiernos están llevados a jugar un protagonismo y liderazgo más allá de su labor normativa y regulativa.
Adicionalmente, fórmulas del pasado dejan de ofrecer alternativas de futuro: no bastará crecer, sino crear un nuevo empleo; no basta endeudamiento público, sino dirigido con carácter finalista hacia ventanas de oportunidad estratégica (no solamente etiquetas verdes y sostenibles, sino con concreción de objetivos y medios) y, además, gestionar su retirada a tiempo para no convertir la sobredosis de intervención pública en enfermedad incurable. No es cuestión de nuevos modelos retóricos, sino de complejos procesos largo-placistas de cambio de estructuras productivas (con inevitables transformaciones en el sistema educativo, modelos de gobierno y gobernanza, esquemas y sistema de valores, etc.). No bastan reuniones mediáticas, sino estrategias y compromisos.
Si alguien tenía alguna duda al respecto, la crisis y su intensidad en 2009 nos ha mostrado el verdadero papel subyacente de la economía al servicio del bienestar de las personas. El objetivo final es el bienestar de las sociedades y la competitividad (bien entendible que no competencia salvaje de suma cero) de los territorios y sus diferentes agentes (empresas, gobiernos y entes facilitadores del desarrollo socio-económico). El bienestar exige repensar cuestiones críticas: ¿Qué sistema educativo, sanitario, social, deseamos? ¿A qué precio? ¿Quién y cómo debería pagarlo y cómo ha de ofrecerse y gestionarse? ¿Y el empleo? En el último año se han perdido -solamente en el Estado español- más de dos millones de empleos. ¿Puede construirse un Nuevo Modelo con 4 ó 5 millones de parados? Parecería que 2010 no puede limitarse a un nuevo desencuentro entre gobiernos y agentes sociales y económicos escenificando falsos debates sobre despido y/o flexibilidad. Nuestra sociedad ha de replantearse nuevos conceptos en torno a la empleabilidad revisando las diferencias entre el empleo permanente vitalicio y el empleo modificable renovable en el tiempo. Empleo e igualdad de oportunidades, responsabilidad, exigencia, compromisos y competitividad para el bienestar obligan a repensar el nuevo diálogo social del siglo XXI.
En el pasado 2009, un acontecimiento relevante ha sido el secuestro y feliz liberación del Alakrana. Una vez resuelto y salvados, con vida, sus tripulantes y arrantzales, podemos usarlo como referencia para preguntarnos sobre una serie de cuestiones vividas en su entorno. En primer lugar, hemos podido acostumbrarnos a un nuevo término: “Estado fallido” en referencia a Somalia, a la cabeza mundial del desgobierno, la corrupción, el Estado-títere, el aislamiento internacional y la pobreza. La desigualdad y el fracasado objetivo de erradicar la pobreza han resultado extremos. Además, ha servido para poner en evidencia otro Estado fallido: España.
Durante el secuestro, ni los medios de comunicación, ni los ciudadanos en general, ni partidos políticos ni cualquier tipo de organización dudó en exigir del Gobierno español intervención y ordenar a la justicia inhibirse (no detener, no juzgar, liberar…) a favor de la solución; no hubo dudas en entender que el Gobierno (con fondos reservados, a través de los Servicios de Inteligencia) pagara un rescate y no persiguiera a los secuestradores. Nadie cuestionó la no independencia de los poderes del Estado. ¿Por qué en este caso la opinión pública lo entiende y otros casos sirven para la defensa a ultranza de un supuesto modelo intocable amparado en los llamados “principios de Estado”? ¿En qué ha quedado la separación de poderes? Según el caso, se puede pasar del “chantaje” a la “gestión humana y normalizada del conflicto”. La Justicia, en España, deberá hacer un enorme esfuerzo por recuperar su credibilidad e independencia, el Ejecutivo carece de confianza, el ciudadano observa diferentes varas discrecionales para medir y España se resitúa, a la baja, en el ranking mundial de Estados fiables (para la inversión, para el aliento y referencia democráticas, para la confianza aliada). Adicionalmente, y en este contexto, el intento de la transición española que acordó un “Estado Autonómico” ha fracasado, provocando una creciente desafección (Euskadi y Cataluña, sobre todo) ante un proceso fallido para lograr la confortabilidad y autogobierno en un marco de convivencia democrática. El lamentable espectáculo del No Estatuto Catalán, la No sentencia del Tribunal Constitucional, la superposición del 4º poder… ponen de manifiesto un Estado fallido al servicio de un paralizante stablishment español a la contra de tiempos modernos.
Así, 2010 ofrecerá un espejo de gran interés ante una nueva convocatoria electoral en Cataluña. ¿Habrá tomado una decisión el club de amigos que juega nada menos que con el Tribunal Constitucional? ¿Habrá aprobación al Estatut decidido por los catalanes que se suponía sería apoyado por PSOE-Zapatero? ¿Sus conclusiones se extenderán al resto de Estatutos ya aprobados? Y, en Euskadi, ¿ahora sí se podrá “debatir sobre el futuro que quieren los ciudadanos” que enunciaba el lehendakari López? ¿Por qué y sobre qué? ¿Qué ha cambiado? Asistiremos a un 2010 en el que grandes y negros nubarrones anuncian un creciente impulso -político y mediático- al brote identitario español versus otras identidades y manifestaciones. Negro corto plazo que, sin duda, alumbrará un brote verde de esperanza para quienes no compartimos este sesgo unilateral que nos hace no sentirnos confortables con un Estado fallido que dista mucho de lo que creímos aceptar tras la supuesta muerte de la dictadura. No parece cuestión personal de un determinado plan o proyecto político vetado y excluido por una parte amparada en un pseudotransversalismo de pobre invención. Y, en medio, Euskadi. De momento, otro Estado fallido: sin territorio, nombre, marco político, sistema de gobierno… claramente aceptados en un contexto normalizado, pacífico y democrático. Espacio en el que caben acuerdos y políticas antinatura, “compromisos de Estado (del también fallido)” soportados en medios de comunicación al servicio de unos intereses concretos, a cualquier precio, dominados por sus necesidades corporativas y mercantiles alejados de sus principios profesionales y compromiso con la información.
Estados fallidos alejados de las realidades observables en un nuevo siglo XXI, cambiante, que demanda nuevos modelos de estabilidad, de gobernanza, de participación y ejercicio democráticos que conforman el inevitable cambio económico y los valores asociables.
¿Y Europa? Sobre la base de un Tratado (de Lisboa) no creíble, sin instrumentos reales y eficaces que posibiliten su verdadero avance democrático hacia el bienestar, basado en un pseudo “consenso para/desde la mediocridad” Europa está instalada en una auténtica parálisis alimentadora de una burocracia extenuante. Con reparto de parcelas de poder, equilibrio de gobierno-oposición en un bipartidismo frustrante y convirtiéndose en un museo clásico al margen de la vanguardia social y económica mundial, es una escasa referencia para un proyecto ilusionador de futuro. Reglas, burocracia, discursos, buenas palabras (para todos) y ausencia de liderazgo contrastado. 2009 ha sido un fiel reflejo (elecciones, refrendos, inacción, políticas inconexas, reparto de cuotas de poder…) de este deterioro. ¿Cabe esperar que 2010 retome una nueva dirección hacia la apuesta fundacional y la vieja Europa abandone las reinvenciones del Estado de bienestar, el espacio de libertad y los valores al servicio de las personas? Resulta casi imposible creerlo. No obstante, Europa es la esperanza. El mundo se mueve hacia los ejes emergentes y la omnipresencia (más tolerada que deseada) de EE.UU., pero sus propias soluciones requieren de un “sabor, espíritu y experiencia” europeos. El desprestigio real del Gobierno Zapatero, su confrontación electoral en el Estado y la ausencia de ideas-proyectos fuerza para España, y para Europa, más allá de mensajes para consumo interno, no parecen ofrecer motivos de avance en la dirección esperada.
La necesidad de reinventar ese nuevo mundo al que emplear la superación y salida de la crisis nos lleva a la búsqueda de ingenieros verdes. El nuevo espacio sostenible del futuro demanda territorios inteligentes, gobiernos inteligentes, empresas inteligentes. Es un nuevo paradigma que reclama una nueva manera de concebir la empresa (comprometida con su sociedad y entorno, haciendo suyas, como parte esencial de su estrategia, las demandas sociales hasta ahora cedidas o abandonadas al buen criterio y funciones de los gobiernos). A la energía verde y sostenible parecen dirigirse los suspiros de éxito a la vez que se sueña con dejarlo al deber espontáneo de sus jugadores. No es posible sin apostar por modos, tiempos, costes para lograrlo. Grandes objetivos parecen traducirse en el coste/precio del kilovatio que fija un ministerio. Por el contrario, una estrategia transformadora de tan alto calado no es cosa de decisiones parciales. Si se cree en esta línea, gobiernos, empresas y sociedad hemos de alinearnos en un proceso estratégico de gran calado. Además, más allá de la energía sostenible quedan el resto de nuevos espacios de oportunidad asociados con el bienestar, la educación, las biociencias, el ocio, nuestros territorios y la economía leal (tradicional) de la que partimos y que soporta -en gran parte- el desarrollo de los demás. Detrás de este avance posible están las personas (ingenieros verdes) y las organizaciones innovadoras. De una vez por todas, educación, formación, valores, capital social… exigen un papel central (real) en el debate.
Ya hemos comentado que 2009 ha puesto de manifiesto estrategias y salidas desiguales a crisis diferenciadas. 2010 ratificará, con más fuerza si cabe, este extremo. Contemplaremos países -regiones- y gobiernos superadores de esta crisis y otros que, pese a la recuperación-recesión (crecimiento sin empleo, recuperación temporal en W, salida de inventarios y agotamiento del modelo…), persistan en su hundimiento.
Viviremos nuevos conceptos y espacios más allá de límites geográficos actuales, sistemas de gobierno y estructuras administrativas del siglo XIX y alumbraremos nuevos caminos. Asistiremos, por ejemplo, a un pequeño acontecimiento de alto valor: California (7ª economía del mundo) iniciará el proceso de elaboración de una nueva Constitución (nada menos que en Estados Unidos de América). Los nuevos padres de la patria serán observados en un contexto poco habitual. No sólo se modifican Estatutos, marcas de gobierno y autogobierno en ex colonias, en “continentes y Estados frágiles”, también en el corazón rico de América se siente un tanto “fallido” su marco administrativo, político y de gobernanza para responder a los retos de sus ciudadanos y empresas en un siglo XXI que, por mucho que nos empeñemos, “ya no será lo que era”.
2010 se presenta, pues, apasionante y, como todo año nuevo, será sobre todo lo que nosotros queramos que sea. En, y desde Euskadi, no podemos abandonarnos al “dejar estar” de una barcaza sin timonel ni rumbo. Nos jugamos demasiado. Construir y avanzar es muy difícil, exige tiempo y compromiso. Destruir es sencillo. Basta con instalarse en el no (no cambios, no decisión, no ideas transformadoras, no ilusión…). La transformación necesaria y deseable no puede basarse en un acomodo a la mal llamada y publicitada “normalidad”. El mundo que nos espera es todo menos normal y ordinario. Tenemos mucho por hacer para reinventar un futuro de ilusión y bienestar.

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